La neurotecnología tiene un potencial ilimitado para mejorar muchos aspectos de la vida. Ya se está aplicando prácticamente en las industrias médica y de bienestar, pero también tiene muchas implicaciones futuras para otros contextos, como la educación, la gestión del lugar de trabajo, la seguridad nacional e incluso los deportes.

Luego de que se experimentara con un cerdo, implantándole un chip en el cráneo para conectarlo a una computadora y medir así su actividad cerebral, se ha abierto una discusión mundial sobre las posibilidades y riesgos sobre este tipo de prácticas para el futuro de la humanidad.

La neurotecnología engloba todos los componentes que se desarrollan para entender el cerebro, visualizar sus procesos e incluso controlar, reparar o mejorar sus funciones. Estos componentes pueden ser computadoras, electrodos o cualquier otro dispositivo que pueda configurarse para interceptar pulsos eléctricos que recorren el cuerpo.

​​El concepto de Neuroderecho ha cobrado especial fuerza en estos tiempos, precisamente en una era donde la tecnología establece un claro dominio en nuestras actividades cotidianas y que ha traído considerables beneficios para nuestro diario vivir.

Sin embargo, estos avances tecnológicos nos han llevado a reflexionar también acerca de qué tan bien resguardada está nuestra privacidad mental en la actualidad. Y qué tan expuesto está nuestro cerebro a posibles abusos e injerencias. Las máquinas ya han comenzado a leer nuestros pensamientos, aunque de un modo muy básico. Pero, aun así, la vertiginosa carrera por la neurotecnología ha llevado a que muchas compañías en todo el mundo inviertan millones de dólares para generar un desarrollo aún más acelerado, lo cual no deja ser un motivo de suma preocupación por el eventual uso que podría dársele.

Lo descrito anteriormente pareciera ser sacado de una película de ciencia ficción, pero lo cierto es que cada vez estamos más cerca de saber cómo pueden controlarse las emociones, los pensamientos y nuestra toma de decisiones. Las personas están empezando a ser “neuroprogramadas” silenciosamente, las diversas plataformas basadas en neurotecnologías podrían ser capaces en un futuro (tal vez no muy lejano) de leer las ondas cerebrales.

En el cuidado de la salud, la neurotecnología se está utilizando actualmente en imágenes cerebrales, mediante el registro de campos magnéticos producidos por la actividad eléctrica dentro del cerebro, neuroestimulación, estimulando el cerebro y el sistema nervioso para influir en la actividad cerebral; y en neurodispositivos, una tecnología emergente que monitorea o regula la actividad cerebral mediante un implante. Los neurodispositivos aún se encuentran principalmente en la fase de investigación, pero tienen un gran potencial para tratar trastornos cerebrales. Un ejemplo de esto es Neuralink. Impulsado por Elon Musk, Neuralink está desarrollando un dispositivo que se incrustaría en el cerebro humano, donde registraría la actividad cerebral y transmitiría estos datos de forma inalámbrica a una computadora. Luego, los investigadores podrían analizar estos hallazgos y usarlos para estimular eléctricamente la actividad cerebral. Si se tiene éxito, posiblemente se pueda usar para curar enfermedades cerebrales como el Alzheimer y el Parkinson.

La neurotecnología, aunque terapéuticamente muy emocionante, sigue siendo muy controvertida. Plantea preguntas sobre los derechos a los datos y la privacidad. En general, sus aplicaciones futuras no están del todo definidas, pero con el aumento continuo y la identificación de trastornos y afecciones neurológicos, se espera que la neurotecnología experimente un crecimiento considerable en el mercado mundial de la atención médica en los próximos años.

Por: Dalia Solano.

Fuentes:

Proclinical.
Top 10 new medical technologies 2022

Universidad Católica Silva Henríquez.
Neuroderechos ¿Qué tan protegidos estamos?